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Sociedad de Las indias Electrónicas Grupo Cooperativo de Las Indias

Ahora que Cervantes muere

22 oct 2004

Durante años nos presentaron la disolución de los hábitos de lectura como el drama principal de nuestro progreso cultural. Editores, medios de comunicación e instituciones de todo tipo animan regularmente campañas de lectura de los clásicos que indefectiblemente no consiguen cambiar las tendencias. Pero de verdad ¿leemos menos? no será que ¿las obras del siglo XX y anteriores ya no explican a los humanos de la Sociedad Red y sufren la distancia igual que en su día lo hicieron los clásicos griegos o latinos? La era literaria de Cervantes y Proust, de Shakespeare y Goethe, podría estar llegando a su fin.

Según el último informe de Red.es sobre los usos de Internet en los hogares españoles, un 62.14% de los usuarios de Internet se informan en la web… y a pesar de todo, en el mismo documento no se considera la lectura como una actividad entre las posibles a desarrollar en Internet, a pesar de que está implícito en cualquier uso de la web. La ceguera sobre la relación lectura/ web se torna dramática cuando leemos el avance del informe del Ministerio de Educación y Cultura sobre los hábitos de lectura de los adolescentes españoles. Aquí no sólo no se considera la lectura en pantalla como una forma más de leer, equivalente a libros, revistas o cómics, sino que incluso se recoge que navegar por Internet es una actividad preferida a leer sobre papel entre los adolescentes.

Es este enfoque cegato el que nos impide tener datos claros sobre el impacto del uso de la web en los hábitos de lectura. En el último estudio de hábitos de lectura y compra de libros (2002), sin embargo se apreciaba una correlacion generacional entre uso de Internet y hábito de lectura. Pero esta correlación no implica causalidad: el que los más jóvenes lean más que sus mayores podría deberse a las benéficas virtudes de nuestro sistema educativo o a la incansable labor de nuestras televisiones que, lejos de constituir un sustitutivo a la lectura, se afanan cada día en ser su mejor aliciente.

Leer en red, leer en papel

El hecho es que si contáramos las horas de lectura en la web muy posiblemente nos encontraríamos con que se lee más que nunca. Y dado que la industria editorial no ha reducido significativamente sus cifras, si se aproximaran volúmenes de lo editado en la web en español y de la cantidad de autores que lo hacen, podríamos cuantificar lo que sólo sabemos cualitativamente: que gracias a la red se publica más que nunca, merced a la democratización que las tecnologías web suponen.

Pero este lector que tiene a su alcance la publicación, que está acostumbrado a comentar en red lo leído, a buscar con libertad y acceder al contexto pinchando en los hiperenlaces ya no puede ser entendido como el lector de libros del siglo pasado. El mismo concepto de cultura (la que pertenece a los individuos, no ese imaginario al que el nacionalismo romántico quiso que pertenecieran) cambia. Porque ¿qué era fundamentalmente esa cultura sino la capacidad de establecer relaciones, de generar contexto a partir de otras lecturas? El hipertexto -sobre todo cuando se utiliza en plenitud- transforma, facilita y funde con la biografía del autor ese abstracto personal que antes formaba parte exclusiva del lector. El nuevo lector es un saltimbanqui que salta por las relaciones establecidas casi aleatoriamente por los autores en función de sus propias preferencias biográficas. Es un surfer. ¿Podemos pedirle a alguien así que represente su mundo a partir de Conrad o Baroja, de la linealidad y el individuo aislado?.

Literatura y transculturalidad

La literatura no es sino una forma de representación de la realidad. Realidad que no sólo es diferente en cada época y entorno cultural, sino es que es percibida diferentemente por sus protagonistas, porque los conceptos e instituciones con las que se manejan y ordenan son distintos. Por eso para que una obra evoque algo parecido a lo que pretendía su creador, las instituciones que mediaban la vida social del autor y los conceptos a través de los cuales se expresaba deben permitir relaciones de comparabilidad con los del lector. Si no, entre ambos se daría una de esas situaciones en las que “decimos lo mismo pero queremos decir cosas diferentes”.

Por eso, cuando se pretende que la literatura nos explique, que nos de las claves de nuestros problemas, de nuestros valores, no puede olvidarse que si lo hace es precisamente porque parte de un marco conceptual e institucional que nos es afín o cuando menos comparable. Cuanto más aisladas o separadas en el tiempo estén los entornos de escritor y lector, mayor tendrá que ser el ejercicio de contextualización histórica y por tanto la inversión previa en “cultura”, en tiempo dedicado a conocer un contexto ajeno.

La muerte de Cervantes

Los ciberpunks caracterizamos precisamente nuestro tiempo, el de la Sociedad Red, por la independencia que nos ofrecía respecto a las instituciones, por esa institucionalización del individuo de la que habla Iñigo Medina. Un proceso liderado por Internet en el que la mediación institucional se reduce y diluye. Como escribíamos a propósito de la universalización del periodismo:

Nos “institucionalizamos” por ejemplo cuando podemos escribir en nuestra propia bitácora y establecer con otros la relación de medio y de fuente, ser, parte de ese periódico mural que hacemos todos por las mañanas con las pestañas de nuestro navegador. Es decir, la red nos permite actuar socialmente a cierta escala sin tener que contar con la mediación de instituciones externas, nos permite actuar de hecho como “instituciones individuales” y en ese sentido ser mucho más libres, tener más opciones

Pero entonces, ¿qué literatura nos representa? ¿qué autores explican el mundo desde conceptos ligados a las nuevas instituciones que vivimos y que no dejan de ser creaciones personales y adhoc de cada uno de nosotros?. Seguramente pudieran trazarse rastros por la red, intentos de construir mundos y contextos fragmentarios y completos a la vez. Pero lo que es seguro es que poco de lo que hay en los pasillos de las librerías y en los comentarios de libros de los periódicos. Y no puede ser ajeno a esto ni la lejanía -cada día mayor- de los clásicos, ni el desarrollo entre los nuevos públicos del gusto por los “géneros” míticos (aventura, ciencia ficción…).

Conclusiones

¿Quiere esto decir que ya no toca leer a los clásicos? No, sólo que está empezando a quedar demasiado lejos todo su entorno conceptual e institucional como para responder a las viejas preguntas literarias ¿por qué soy como soy? ¿por qué existo así ahora?.

Y sí, es verdad que en España sólo somos un 20% de internautas. Una amplia minoría de vanguardia, pero minoría al fin. Pero ¿no era mucho menor la élite alfabetizada en esa época prodigiosa que llamamos Ilustración?. Así que hoy la pregunta no es tanto si lo que los ciudadanos-red viven es la percepción social o mayoritaria, sino si hoy se podría formar parte de la vanguarda ilustrada equivalente estando fuera de la red. Si los conectados serían hoy el equivalente a los alfabetizados de entonces, los netócratas serían los Ilustrados de hoy. Algo que inmediatamente debería plantearnos dudas sobre la capacidad para aprehender lo original de nuestro tiempo por tanto escritor de premio y cobertura mediática ufanado de no haber usado Google nunca, cuando Google es hoy, como decía irónicamente David Teira hace unos años, el espíritu objetivo del nuevo milenio.

Y de todas formas el fenómeno es más amplio de lo que parece: o si no ¿por qué el éxito de todas estas novelas como Soldados de Salamina a medio caballo entre la divulgación histórica y el relato literario si no es porque vencen la pereza que genera el siglo pasado a base de incorporar la información de contexto?.

Leer a los clásicos griegos o latinos es un ejercicio de documentación histórica. No son ya, por la ajenidad de su contexto, literatura para nosotros pues no responden a lo que de la literatura esperamos, sino que son contexto del estudio o la aproximación histórica, documento. Y así tiende a pasar cada vez más con los autores de la era industrial. Y es que seguramente, si queremos promocionar la lectura, tengamos que ofrecer más PK Dick, más Sterling y más Stephenson antes que exigirle a un joven cibernauta víctima de la LOGSE que -paradójicamente- se arme de todo un contexto histórico o se pierda o aburra mortalmente con Calderón de la Barca… o Gabo.

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Natalia Fernández, socia fundadora de La Sociedad de Las Indias Electrónicas
La Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas, cabeza del Grupo Cooperativo de las Indias, es una consultora de innovación, inteligencia y redes con oficinas en Madrid y Montevideo.

El Grupo Cooperativo de las Indias entiende el mundo desde la lógica de las redes y el compromiso con la democracia económica y la transnacionalidad. Creamos conocimiento, productos y servicios empoderadores para las personas, las comunidades y las organizaciones con herramientas innovadoras que refuerzan la sostenibilidad social y medioambiental de sus proyectos.

Grupo Cooperativo de las Indias

En la Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas nuestros fuertes son la innovación corporativa, social y de negocio, el desarrollo local y regional, la diplomacia corporativa y la inteligencia de fuente pública, especialidades basadas todas ellas en el análisis dinámico de redes sociales. La Bitácora de las Indias, el primer blog corporativo que existió en el mundo, analiza tendencias en todos estos campos.

La innovación de negocio consiste en pensar, diseñar y poner en marcha nuevas formas de negocio que ayuden a las empresas a redefinirse empoderando a su entorno y a la sociedad. Ejemplos recientes del trabajo indiano en este campo serían BBVA para quien realizamos informes de oportunidades organizativas y tecnológicas y Szena, una compañía de software de riesgos con la que trabajamos en la liberación del código que permitirá a los bancos ser más transparentes, nutrirse de propuestas de una comunidad global de expertos y a universidades de todo el mundo desarrollar innovación en un campo hasta ahora reservado para los que podían pagar licencias millonarias.

Innovación social y desarrollo regional son otros dos productos que van de la mano. Se trata de aumentar el capital social de los ciudadanos mediante programas de generación de red.

La diplomacia corporativa consiste en empoderar a los ejecutivos y directivos de una organización para que cuando llegan a otro país, a un nuevo mercado o se dirigen a un nuevo sector social puedan convertirse en interlocutores sociales reconocidos. La mayor parte de las empresas comprende ya que a largo plazo sólo se triunfa cuando la sociedad las entiende como una herramienta de sus propios intereses y bienestar. Sin embargo las empresas tienen problemas para establecer conversaciones significativas con el conjunto de la sociedad civil. Hay una parte de formación, de conocimiento cultural, histórico y social que es obvia, pero también hay otra que consiste en “mapear” interlocutores sociales, escuchar y dirigirse a los críticos de igual a igual y establecer conversaciones de las que surjan primero el respeto, luego la confianza y finalmente la cooperación.

En todos estos productos es fundamental el análisis de redes sociales y la inteligencia de fuente abierta. Este tipo de análisis de inteligencia empresarial se llama de “fuente abierta” porque se elabora a partir de información pública (blogs, periódicos, publicaciones universitarias, etc.). Se trata de hacerse una imagen cabal del tejido social real, sus líderes -normalmente no institucionales- y sus estrategias. Sólo de ese modo es posible establecer una interlocución social. Un ejemplo sencillo de trabajo en este campo sería el mapeo de la blogsfera latinoamericana que realizamos para la Secretaría de Estado de Iberoamérica del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación del Gobierno de España en el marco de la última cumbre Euro-Latinoamericana.

Anuncio de la Sociedad de las Indias Electrónicas (detalle)
La Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas fue fundada como sociedad limitada con 3007 euros de capital el 2 de octubre de 2002 por Natalia Fernández, Juan Urrutia y David de Ugarte. Partían sin cartera de clientes, con el capital social mínimo pero con la experiencia social del primer ciberactivismo europeo y la experiencia empresarial de Piensa en Red que había sido la primera desarrolladora europea de software de gestión en movilidad y creación de redes sociales.

Los comienzos fueron económicamente muy duros para una compañía casi desconocida sin capital ni agenda. Para darse a conocer en medio de lo más duro de la crisis de las puntocom crearon la primera bitácora empresarial del mundo: la Bitácora de las Indias (a la izquierda de esta columna). Pronto llegó el primer cliente: la Federación de Empresas Distribuidoras de Gases Licuados del Petróleo y otros clientes que buscaban sobre todo mejorar el aprovechamiento comercial de su esfuerzo en la web, como Meliá o Nupik.

Mientras los pioneros luchaban por despegar, desarrollaron también las técnicas de análisis de redes sociales que les permitirían ofrecer servicios de mucho más valor añadido y asumir los primeros proyectos relevantes. El primero de ellos llegaría en la primavera de 2003, asesorando la candidatura de Belloch a la alcaldía de Zaragoza. Se trata del primer caso documentado de análisis de redes sociales para elaborar la estrategia de una campaña electoral. Y fue un éxito.

A finales de 2003 llegaría un contrato con Telefónica —desarrollar e implementar las primeras novelas para móviles fuera de Japón— y a partir de ahí la empresa despegaría con cada vez más y mejores clientes. Tras el 11M trabajamos con el Consejo Consultivo de Castilla- La Mancha en el desarrollo y articulación del debate virtual del foro Armas y Letras: la guerra y el Derecho en el IV centenario de el Quijote.

Llegan entonces nuestros primeros grandes proyectos: una importante farmaceutica y una de las principales empresas europeas de gestión medioambiental a los que el análisis de redes sociales en ámbitos informales de decisión les servirán para diseñar sus estrategias regulatorias y su proyección pública.

Usando la misma metodología, en 2006 desarrollaremos para Turismo de Andalucía el primer análisis de red de creadores de opinión en la Internet informal que se hacía a nivel mundial en un sector en el que el 75% de los destinos se deciden en la red.

La Sociedad llegará a su madurez a partir de 2007, bajo la dirección de su actual gobernadora, Natalia Fernández, que consolidará el posicionamiento de la empresa y ampliará su cartera de clientes, iniciando un crecimiento sostenido de la facturación que haría después posible la internacionalización de nuestra presencia en el mercado y la transformación en sociedad cooperativa el 18 de septiembre de 2009.

En ese periodo fundamos la desarrolladora de software libre Feed the Ivy SL, creadora del servicio feevy.com posteriormente vendido al grupo BBVA, para quien la Sociedad de las Indias empezaría a trabajar -y continúa hoy- como consultora de innovación, desarrollando proyectos como la blogsfera BBVA, la primera blogsfera corporativa de un gran banco transnacional y emitiendo regularmente informes sobre oportunidades sociales, organizativas y tecnológicas para el banco.

En 2007 asesoramos utilizando técnicas de análisis de redes sociales y posicionamiento estratégico a la expansión en América Latina de un importante grupo inversor español con intereses en el sector energético.

En 2008, también en asociación con el Area de Innovación de BBVA y con la editorial El Cobre lanzamos la primera colección de libros de autores contemporáneos en dominio público: la Colección Planta 29.

El 18 de septiembre de 2009 nos transformamos formalmente en cooperativa. Para entonces, nuestra forma de trabajo ya nos había llevado a un ratio de ingreso/persona varias veces superior al de las grandes consultoras.

El 9 de febrero de 2010 iniciamos formalmente a la puesta en marcha del Grupo Cooperativo de las Indias integrando en la estructura a la Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas y poniendo en marcha el proceso de elaboración de estatutos e inscripción en registro del nuevo grupo, con la idea de ampliar nuestra oferta de servicios a nuevos campos en sinergia con nuestras participadas y nuestras áreas de experiencia tradicionales.

Hoy nuestra cartera de clientes se extiende por América Latina y España y se desarrolla en ámbitos tan diversos como el fomento del emprendimiento, la inteligencia de negocio para grandes grupos industriales en transnacionalización y la comunicación social y política.

Colección Planta29

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