Consultoría: por qué damos las ideas gratis
06 nov 2009
Las Indias aporta, dicen, ideas geniales, pero si su empresa no entiende que para desarrollarlas conceptualmente nos necesita y sobre todo que va a necesitar más, no se preocupe, se la regalamos…
Es un hecho reconocido por nuestros clientes que las Indias mira a las cosas de otra manera. En realidad nuestro modo de vida es distinto, nuestra forma de organización es distinta
… y nuestros alicientes e incentivos también lo son. Por lo que ni vendemos ni facturamos como una consultora tradicional.
Las llamadas grandes ideas, aquello que permite releer, reinterpretar y reposicionar a una organización para colocarla en un lugar donde materialice más valor generando abundancia para el entorno, las damos gratis. Es algo que tiene que ver, claro, con la inteligencia que se supone a toda consultora, pero sobre todo con esa negligencia foucoltiana que permite lo que Juan Urrutia llama “dejarse arrebatar por el cambio” a la hora de imaginar las potencialidades de una organización o empresa.
Sin embargo el ingreso medio generado por indiano, aunque más bajo, está en los órdenes de magnitud de Google, casi cinco veces por encima del de Deloitte, la gran consultora mundial referencia en el modelo horas-hombre.
La clave es entender nuestro propio negocio desde la lógica de la abundancia. No nos importa regalar ideas. No pretendemos guardárnoslas como tesoros y cobrar por ellas. La generación artificial de escasez no es un modelo de negocio aceptable para nosotros. Pero sobre todo es innecesario. El pozo de ideas no se seca.
Además, la generación de valor tiene que ver con los contextos de las ideas motrices tanto o más que con su mero enunciado. Por eso también nuestra insistencia en el software libre, en la ausencia de exclusivas, en la imposibilidad de vender nuestro trabajo por horas…
Muchos clientes primerizos entienden la gran idea, comparten en un instante la visión de su propio negocio que, explicada en unas pocas frases, le hace verlo con un potencial nuevo y calcular mentalmente su crecimiento con una sonrisa iluminada.
Algunos, sin embargo, desconfían ante el regalo. O peor, piensan que somos unos pardillos a los que podrán tener trabajando por el mínimo, si no gratis, ya que les regalamos lo que creen es lo más valioso. Para esos es el regalo, el regalo que nos permite marchar quitándonos un peso de encima
Porque el hecho es que se equivocan: lo más valioso no está en la idea generadora. Lo valioso está en toda la elaboración que la precede y en los relatos, las metodologías y los mitos creados ad-hoc que harán que el proceso de ponerla en práctica transforme e innove realmente.
Ahí nuestra red, nuestra naturaleza y vida como pluriespecialistas, nuestro Consejo, nuestras formas de discusión y sobre todo la perspectiva que da un trabajo de 20 años elaborando contextos, hacen la diferencia. Y eso es lo que cobramos. Ni siquiera cobramos por las horas invertidas, cobramos por pensar distinto y mimar los procesos desde esa óptica al modo en que mimamos nuestro jardín.
Y no se crean, no somos tan caros si miramos al mercado, eso sí, somos mucho más rentables.




Tengo otro argumento, que suma y complementa lo que mencionas. Muchas veces el consultor sabe que saldrá beneficiado si otro aplica su idea, por la simple razón que la idea implementada beneficia a todos.
Por ejemplo, necesito un programa informático y, debido a que he detectado un vacío evidente, se que yo podría crearlo y ganar dinero con él (vía más consultoria, por ejemplo, ya que el programa será libre), pero, simplemente, mi contexto no me lo permite. Mejor que la cree otro, que se encuentra en condiciones de hacerlo, porqué la mera existencia de la herramienta, puede aumentar mi creatividad, aunque el “competidor” (si es que esto existe en el contexto de este post), tenga ventaja a la hora de hacer consultaría sobre el programa en concreto.
En resumen, en la sociedad que se respira en tus posts, la que todos queremos, regalar es un efecto multiplicador, en beneficio de todos.
Enlace proveniente de deUgarte.com