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El ciborg y el amor

18 sep 2009

Cuando los creadores de Planetaki preparan el lanzamiento de un servicio de contactos es que muchas cosas han cambiado en los últimos diez años de vida en red. Buscar pareja, conocer gente, ya no es el terreno paradójico e inexplorado de los papers y libros de Aaron Ben-Ze’ev. Ya está inculturado… que no domesticado.

No hay comunicación no mediada. Unas simples gafas, la elección de la ropa que llevamos trastocan todo. No se trata tan sólo de una imagen proyectada. Es también la imagen percibida, el catálogo de sensaciones del sujeto, su percepción del mundo la que cambia.

Tanto más si el interfaz es electrónico, si la realidad es re-encuadrada en una ventana de chat o un paisaje electrónico. Cambia el cuerpo a través del que percibimos y con el que somos percibidos. Nuestra identidad más íntima se redefine. Nos convertimos en ciborg. Como escribíamos hace unos años:

Ciborg, es la forma que los humanos tenemos al relacionarnos en un entorno mediados por máquinas, máquinas que son interfaz pero también parte ya de nuestro propio ser durante la comunicación y por tanto nos definen. Yo soy mi cuerpo, no estoy yo y mi cuerpo, arguía apasionada una ponente. Un astronauta con su traje es un ciborg, pero también un internauta con su ordenador en el espacio virtual.

Esta revolución cultural es seguramente la más profunda y sin embargo una de las menos comentadas. Cubierta por una densa capa de pudor, sólo deja entrever consecuencias sorprendentes en nuestro entorno cada cierto tiempo. Pero el hecho es que pocos terrenos permiten una aproximación al ciborg tan clara como el mundo de las relaciones amorosas en la red.

Inmediatamente surgen las cuestiones y el debate: ¿qué naturaleza tiene éste nuevo espacio en el que nos movemos? ¿qué repercusiones para la identidad y el sexo? En un mundo virtual la identidad se define aún más crudamente que en el mundo físico: el cuerpo es algo que se interpreta, la identidad es el relato dentro del cual interpretamos con él. El espacio en el cual se hace no es algo que está sin más, es activo, es territorio nominado, reclamado, definido…

Como si fuera una ceremonia de paso, una iniciación, todo ciborg pasa en algún momento por la emoción de un tonteo virtual, de una seducción através de autorelatos. El fantasma de Haraway aparece una y otra vez a cada nueva generación de internautas.

Almas puras, ciborgs adolescentes

Somos con nuestro cuerpo. Somos nuestro cuerpo. Nuestra identidad íntima está construida sobre sus inseguridades, sobre la lectura social y las cicatrices de la aceptación adolescente. Por el cuerpo, por el relato de nuestra imagen y ropas éramos juzgados. Con las palabras nos defendíamos, re-relatábamos. En el viejo mundo, el cuerpo es núcleo duro, las palabras son amigas.

Como en el mito del ciborg representarse sólo mediante palabras nos hace sentir seguros. Tanto que es fácil volverse ebrios. Desprovistos del guardián de los prejuicios, de aquello que debe ser explicado, ser representados con palabras es una liberación. Por eso no triunfa la videoconferencia. Por eso los servicios de contactos y los libros de cromos no están basados en webcams, sino en fotos tan cuidadosamente descuidadas como los estuvieron nuestros tocados de adolescentes.

Pero convertidos en almas puras, en puras palabras, no somos sino pura expresión de deseo. No ángeles asexuados, sino jóvenes vampiros. Somos Jessica encontrando a Hoyt: Sex and candy.

El papel de las redes de contactos

Abiertos de par en par, la experiencia de la más profunda desnudez -la liberación del cuerpo a favor de las palabras- es excitante y explosiva… pero cuando llega el momento de volver al cuerpo, de (re)presentarnos con él, es como llevar a Hoyt a casa y mostrarle el ataud en el que dormíamos. Es duro. Y si al reencarnarnos uno de los dos se deja arrastrar por sus miedos, la ceremonia será un fracaso, la frustración y el ridículo vendrán cabalgando sobre el supergo reprobador.

Es un puro dilema del prisionero. Si en vivo siguen siendo ciborgs la conexión se mantendrá y -paradójicamente- el espacio virtual mantendrá su conexión en el presencial. Hace falta un colchoncito de irrealidad, una bomba de descomprensión que haga todo más fácil. Por eso la gente no abandona los servicios, ni deja de ir a los encuentros presenciales que organizan aún después de haberse felizmente emparejado.

No se extrañen si algún día van a una de estas fiestas y alguien se levanta a la voz de:

- Hola, me llamo José y soy un ciborg

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9 Comentarios a “El ciborg y el amor”

  1. perfectocuadrante.blogspot.com/

    ¡Pero mira que es bueno esto! Yo creo que has dado en el clavo cuando dices eso que es un puro dilema del prisionero. Efectivamente a mí también me parece “Si en vivo siguen siendo ciborgs la conexión se mantendrá y -paradójicamente- el espacio virtual mantendrá su conexión en el presencial”

    Luego, como en todo lo demás, los usos y disfrutes del sexo son un elemento íntimo y privado donde todo lo pactado debería caber.

    http://www.wired.com/threatlevel/2009/09/linden

    Pero si somos almas puras, si somos cyborgs, entonces todo es una prolongación nuestra. Creo yo.

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  2. David de Ugarte

  3. jivablog.com/

    En el “si quiero” cibernético hay una entrega directa “tu a tu” de la personalidad que se ha comunicado y percibido por ambos.
    Aunque relacionada con la personalidad real el ciborg proyecta hacia el/la amad@ una selección del ser que quiere para el si y del que ya es en el mundo carnal.
    En esa proyección se han filtrado todos los elementos sociales y culturales que impiden al ciborg conformarse como un ser real y actúa en la relación amorosa como ciborg, se crece en ella y percibe sus sentimientos compartidos como una realidad pura, difícilmente alcanzable en el mundo real con tal grado de pureza.
    Si hablamos de la energía que fluye en las comunicaciones y el verso que acompaña el sentiemiento compartido, tenemos un fluido envoltorio común, un plasma que solo es capaz de cortar momentáneamente la compañía eléctrica de turno.
    Encontrados en la realidad, si no mantienen conscientemente su identidad ciborg no podrán reproducir ni los sentimientos ni el fluido digital que en la red los envolviera porque ellos mismos han cambiado.
    Nos atraen de los cuentos del mas allá aquella realidad que no es apreensible y sin embargo es.
    Tras experimentar una relación cibernética, la mejor compartida del yo ciborg, este empieza a proyectarse fuera de la red como un ser real, como esos fantasmas de película que nos visitan, pero a diferencia de ellos para quedarse como ser real de la red y la carnalidad.

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  4. emailtoid.net/i/1e154013/…

    Bueno yo iba a pegar un relato poema que hice… pero me parece que no pega… pero no creo para nada en la sexualidad-un cuerpo…

    Yo creo que sinceramente no estamos constreñidos a cuerpo alguno… y tienes la posibilidad de mudar tanto que puedes no ser ni sombra… verse desde fuera de tu cuerpo da una libertad inmensa a la que no estamos nada acostumbrados… la educación es pésima… un niño al nacer debería ser educado emocionalmente en carga lectiva del 50%… claro que primero habría que hacer elección emocional del profesorado…
    Sí la gente se viera desde fuera (realmente pienso que el alma principalmente existe como algo externo, no pegada para nada al cuerpo) serían como menos cabronazos jeje.

    Pero aún esto no creo nada en las redes de contacto on line ni presencial… argssssssss (no me fío ni de cuerpo presente ;)

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  5. Dubitador

    Es curioso. Cuando vi “Blade runner” los personajes que mas me impactaron fueron las replicantas.

    Los replicantos, tan poderosos ellos, eran una demasiado obvia de la fantasia de poder masculina.

    Pero

    ¿y ellas?

    ¿habrian sido programadas e imbuidas en la mistica o la “neurotica” de la feminidad?

    ¿podriamos dejar de atribuirsela a la vista de su perfecta y femenina corporeidad?

    ¿como se sentiriamos a esa manifestacion de la feminidad superpoderosa, cuando estamos imbuidos de que lo propio de ella es su gracia, su fragilidad, su ternura, su susceptibilidad ante nuestra lujuria?

    He leido por ahí que el proximo filon del negocio del sexo será la oferta de robots eroticos.

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  6. David de Ugarte

    Y no es ese acaso el programa social de la publicidad misma? Hacer de todos nosotros robots eróticos que acumulen experiencias de compra y consumo como única función a maximizar sustituyendo la interacción entre humanos por la participación en objetos sociales y culturales?

    En un mundo así, inmediatista, bárbaro, las relaciones más auténticas son con cosas, porque previamente se nos redujo a cosas. Mientras que las humanas son estratégicas, instrumentales.

    Vivir como ciborgs, relacionarnos como hacemos aquí o en el chat, es en ese marco, liberador y rehumanizador. Desaparece la estrategia como base de la relación entre personas, el interfaz invisibiliza cuerpos y consumos, nos desmaterializa y por tanto nos enfrenta a una interacción mediada sólo por ideas y palabras.

    ¿Quién no querría ser ciborg?

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  7. David de Ugarte

    Por cierto, Dubitator, la parte en que dices

    ¿habrian sido programadas e imbuidas en la mistica o la “neurotica” de la feminidad?

    ¿podriamos dejar de atribuirsela a la vista de su perfecta y femenina corporeidad?

    ¿como se sentiriamos a esa manifestacion de la feminidad superpoderosa, cuando estamos imbuidos de que lo propio de ella es su gracia, su fragilidad, su ternura, su susceptibilidad ante nuestra lujuria?

    es irónica, verdad? Quiero decir, tu no asumes ese discurso, ironizas sobre su uso social, no?

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  8. Dubitador

    ¡Exactamente, don David!

    Aunque, cuanto menos en mi caso, es una ironia recursiva, cual galeria de espejos que se reflejan mutuamente…..y ¡vaya ud a saber que es lo que hay al final de ese virtual tunel!

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  9. David de Ugarte

    :D perdón, pero es que uno se lleva a veces unos sustos…

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