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El mito ciberfeminista 25 años después

28 ago 2009

25 años después de que Donna Haraway escribiera el Manifiesto Ciborg, las propuestas entonces proféticas del libro, siguen planteádonos preguntas urgentes y caminos necesarios.

Pocos, muy pocos, de los millones de personas que se relacionan a través de libros de cromos como Facebook, se considerarían a si mismos ciborgs por hacerlo y seguramente menos aún serán conscientes de estar realizando una de las primeras profecías del ciberfeminismo.

Conforme nos acercamos al aniversario de la primera edición del Manifiesto Ciborg se convocan más y más talleres y seminarios por todo el mundo. Casi todos ellos en el mundo de la crítica del Arte, subrayando la que ha sido seguramente la más reconocida de las aportaciones del Manifiesto Ciborg: la idea de que el proceso de creación y la definición misma de las identidades iba a cambiar sustancialmente. Y con ellas sus formas de representación. Esta es la línea que ha tomado fundamentalmente el ciberfeminismo posterior: explorar cómo se representaba lo femenino en un mundo nuevo… que convivía con una realidad que se descompone sin embargo hacia atrás.

Pero releido hoy, el Manifiesto es mucho más rico. En él encontramos la genial intuición del mar de flores que estaba por venir. El Manifiesto es el primer texto en el que se proponen nuevas formas de identidad basadas en la fraternidad, el gusto por estar juntos, antes que en la igualdad forzada de las representaciones que heredábamos. Anuncia la explosión de la búsqueda de identidades emancipadoras heredada del marxismo y el feminismo en

otra respuesta [alcanzada] a través de la coalición -afinidad- y no ya de la identidad [clásica]

Mito y profecía política

En la antesala de un mundo donde se empezaba a dibujar la comunicación en redes ditribuidas, donde todos íbamos a estar mediados por una capa electrónica en nuestra representación, el manifiesto nos propuso un mito desde el que contruir una nueva forma de identidad: el ciborg.

El ciborg no es una persona con implantes. El ciborg somos nosotros, personas que se comunican e identifican a través de un interfaz electrónico, cuyo ser público no viene definido ya por la biología, sino por las palabras y las formas de una web, de una pantalla. Su potencial superador, no sólo apareció años después bajo la forma de sionismo digital, está presente en las esperanzas de la nueva política nacida en la red.

La potencia de una autorepresentación libre del interfaz que estaba cargado de significados -de sexo, de raza, de edad- por miles de años de civilización es ya hoy patrimonio teórico de muchos y muy lejanos.

Esta semana mismo en un importante blog de la oposición boliviana se convocaba a una asamblea virtual precisamente remarcando que

Esta primera ASAMBLEA CIUDADANA EN RED, está destinada a entrelazar a ciudadanos y ciudadanas (sin discriminación, porque en la red y solo en la red TODOS SOMOS IGUALES)

La profecía social

Pero el mensaje del Manifiesto no quedaba ahí. Haraway profetizaba una vuelta al trabajo doméstico y la fábrica manchesteriana -ahora supertecnificada- interconectado por la red y convertido en fábrica global, una feminización-precarización de las condiciones laborales generalizada, el estallido de la familia nuclear, desmatelamiento progresivo del estado de bienestar… un mapa de descomposición social y sociedad de control al que llamaba informática de la dominación materializado hoy en buena parte del mundo.

Frente a este proceso el mito del ciborg representó una ruptura con la alteridad establecida de la izquierda y los movimientos contestatarios. No invitaba a crear una identidad única, unificadora que representara el antagonismo (el proletariado, el precariado, el consumariado, el género…) por el contrario invitaba a poner en valor cada flor del mar de flores sin esperar ni desear que generasen un idioma común, sin establecer un rankismo de subjetividades ni caer, por el otro lado, en un relativismo de la incomprensibilidad generalizada.

Haraway esbozaba con su propuesta de mito ciborg los ladrillos de una suerte de politeismo sin el que comprender el mundo red es inoperativo: el mundo de la diversidad no puede ser pensado con dicotomías. Los dioses del ciborg tal vez no sean nuevos, pero sus panteones, la diversidad de sus panteones sí.

Por eso, veinticinco años depués, tal vez no hayamos tenido opción, pero podemos decir con Haraway que preferimos ser ciborgs a diosas.

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6 Comentarios a “El mito ciberfeminista 25 años después”

  1. Asun

    Una cosa que me desconcierta profundamente es la insistencia en la diversidad plural y politeísta frente a las dicotomías. ¿No es poco contradictorio, dado que la computación y la lógica y, ejem, el pensamiento mismo se basan en el binarismo?
    Enlace proveniente de Juan Urrutia 4.0 » Juan Urrutia

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  2. eltransito.myopenid.com/

    También va camino de veinte años del Manifiesto de la zorra mutante, lo que me gustó siempre del ciberfeminismo fue la constante a la ironía y en este vueleve a la carga con el tema de la identidad con una lírica posmoderna bastante chula

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  3. David de Ugarte

    En realidad aunque se anote con dígitos binarios, se utiliza base 8, 16, 32 o 64 según el proyecto… y el politeismo es la forma de llamar a una concepción de la diversidad no relativista… debería gustarte
    Enlace proveniente de Juan Urrutia 4.0 » Juan Urrutia

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  4. Asun

    Pero al final todo se reduce a uno y cero, V/F, I/O, S1 y S2. Digital, no análogo; discreto, no continuo.
    Pero lo del politeísmo iba medio de coña. Porque no te lo crees en serio ¿verdad? ¿VERDAD?
    (aunque debo reconocer que estéticamente tiene su encanto)
    Enlace proveniente de Juan Urrutia 4.0 » Juan Urrutia

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  5. David de Ugarte

    Pero leeme mujer, leeme antes de preguntar lo obvio. Obviamente no creo en seres sobrenaturales que van persiguiendo ninfas ni nada por el estilo. Los dioses son una forma de llamar a valores sociales y pateón a cada una de las jerarquias que se establecen en sociedades distintas… decir politeismo es una analogía de un modo de entender la postmodernidad no relativista… + en la indianopedia o en el post largo del fin de semana pasado, que no me lees
    Ah y la razón de tomar esta analogía no es sólo que es relativamente sencilla sino que en efecto, estéticamente es evocadora, que es lo que se pretende
    Enlace proveniente de Juan Urrutia 4.0 » Juan Urrutia

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1 Trackback/Pingback

  1. El ciborg y el amor

    [...] en algún momento por la emoción de un tonteo virtual, de una seducción através de autorelatos. El fantasma de Haraway aparece una y otra vez a cada nueva generación de [...]

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