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Sociedad de Las indias Electrónicas Grupo Cooperativo de Las Indias

Hoy mismo superaremos la cima

10 oct 2003

El próximo 15 de octubre el cohete Shenzhou V llevará al primer astronauta chino al espacio. El hecho se ha convertido para el gobierno chino en un motivo de reafirmación nacional antes que en un logro científico, ya que pretende demostrar al mundo la pujanza de un país que no va a conformarse con convertirse en la primera economía de Asia.

Hace unos días, Xie Guangxuan, director del Departamento Gubernamental de Diseño de Cohetes de la República Popular China, declaraba con orgullo: La tecnología espacial china es una creación propia de los chinos. Aunque comenzamos después de Rusia y Estados Unidos, es increíble la rapidez con la que hemos llegado a donde estamos.

No le falta razón. Muy atrás queda el lanzamiento del cohete Chang Zeng, que en 1970 puso en órbita el primer satélite chino. De hecho, la carrera espacial china comienza realmente a principios de la década de 1990, toma fuerza después del acuerdo firmado en 1996 con Rusia sobre materia espacial y da sus primeros frutos con los lanzamientos de los cohetes Shenzhou I (20 de noviembre de 1999), Shenzhou II (10 de enero de 2001), henzhou III (25 de marzo de 2002) y Shenzhou IV (30 de diciembre de 2002). Si el ritmo de trabajo de la Academia del Espacio china se mantiene, en tan sólo cinco años puede igualar los resultados de la ESA y superarla sin demasiada dificultad.

¿Tecnología propia o foránea?

El programa espacial ha sido llevado con un gran secretismo por parte de las autoridades chinas. Las promesas de enviar una expedición a la Luna antes de 2020 y otra a Marte diez años después se han considerado más como una bravuconada propagandística pensada para aguijonear el sentimiento nacionalista que como la afirmación de un proyecto bien planificado. Por otra parte, muchos expertos occidentales han subestimado la capacidad de los científicos e ingenieros chinos para desarrollar diseños propios y han considerado que los éxitos de los cuatro primeros lanzamientos se deben exclusivamente a la tecnología rusa. Aunque esta postura no carece de fundamento, es demasiado superficial. En un comunicado reciente difundido por la agencia Xinhua se dejan bien claros los acuerdos de colaboración: Después de que Rusia y China firmasen un acuerdo de cooperación espacial en 1996, los dos países han cooperado provechosamente en la construcción de instalaciones de atraque, modelos de astronaves, controles de vuelo, sistemas de soporte vital y otras áreas concernientes a los vuelos tripulados. Es cierto que los cohetes Shenzhou se parecen bastante a los Soyuz rusos y que los astronautas chinos se han entrenado en el Centro de Adiestramiento Gagarin, en las afueras de Moscú. Sin embargo, es preciso reconocer que el diseño de los tres módulos de los cohetes chinos se ha desarrollado independientemente de los modelos rusos y estadounidenses. Por otra parte, en el mismo comunicado se manifiesta de manera tajante: La experiencia de Rusia en el desarrollo de tecnología espacial ha sido y es de momento muy importante para el progreso de China.

La lucha por la independencia tecnológica

Para el gobierno chino, la supervivencia del país depende de la manera en que los retos de la sociedad de la información se adapten al espíritu nacional. Su modelo económico, cifrado en la máxima Un país, dos sistemas intenta conjugar el estatismo característico de la economía socialista con la flexibilidad y rapidez de la economía de mercado. El nacionalismo exacerbado, con un fuerte tono revanchista y cada vez más xenófobo, se ha convertido en un recurso muy eficaz para justificar las nuevas directrices gubernamentales.

El desarrollo de una tecnología propia que salvaguarde el país de injerencias extranjeras es una de las mayores obsesiones de las elites chinas. No se trata, sin embargo, de un anhelo de autarquía, sino de un proyecto hegemónico que convierta al país en la gran potencia del siglo xxi. Para conseguirlo, es preciso mejorar la explotación de sus ingentes recursos energéticos y crear infraestructuras industriales, técnicas y científicas capaces de responder a necesidades futuras. Los contratos firmados con empresas rusas, estadounidenses, indias y brasileñas han permitido dotar a los centros de investigación chinos del instrumental y los conocimientos necesarios para comenzar a crear sus propios equipos de trabajo. Sin embargo, este proyecto de modernización no es tan inocente como parece. La inversión occidental en China pasa por un mal momento. El mercado chino ha dejado de ser una fuente de beneficios y se ha convertido en un recurso con el que el gobierno coacciona a los países con los que mantiene relaciones comerciales, tal como puede verse en el caso de Taiwan. De hecho, es muy probable que los acuerdos de colaboración comiencen a renegociarse, e incluso a rescindirse, cuando llegue el momento en que China se erija como nueva potencia mundial. Y para ello necesita una economía fuerte, un sector industrial que prime la investigación y el desarrollo y, sobre todo, un armamento que sea capaz de disuadir a sus oponentes de emprender aventuras que la perjudiquen.

¿Una nueva guerra de las galaxias?

A diferencia de la Agencia Espacial Europea, la Academia del Espacio china desarrolla proyectos tanto civiles como militares con el propósito de compartir en un principio, y luego disputar, la hegemonía de EEUU en este campo. Su programa militar no se ciñe a la fabricación de misiles balísticos o satélites espía, sino que aspira a la creación de un sistema integrado de interpretación, control y destrucción de cualquier tipo de aparato situado en la órbita terrestre susceptible de ser empleado contra intereses chinos.

La Academia de Investigación Tecnológica desarrolla en la actualidad varios proyectos que permitan interferir las comunicaciones e incluso destruir satélites, cañones láser orbitales o estaciones espaciales, dispositivos todos ellos en los que se basa el sistema de defensa antimisiles estadounidense. Según un informe del Departamento de Defensa de Estados Unidos, publicado en julio de este año, es muy probable que China disponga de estas nuevas armas en un plazo de dos a seis años. La situación es preocupante: el despliegue militar en el espacio es inevitable a pesar de las medidas emprendidas por la ONU e impulsadas por la propia China, y apenas podemos adivinar las consecuencias. Es muy probable que en pocos años asistamos a la puesta en marcha de una nueva versión de la Guerra de las Galaxias.

A principios de la década de 1980, la administración Reagan lanzó un órdago contra la antigua URSS iniciando el programa armamentístico más caro y tecnificado de la historia. La economía soviética, a pesar de que se encontraba en un buen momento -sus ciudadanos disfrutaban de un nivel de vida como nunca habían tenido-, no pudo resistir el envite que suponía no sólo incrementar la inversión en el sector militar, sino adaptarse a un nuevo estilo de producción que exigía una mayor flexibilidad.

La situación actual es mucho más preocupante, ya que es muy probable que EEUU se vea obligado a emprender en solitario una carrera para la que deberá hipotecar buena parte de sus fuerzas. La Comunidad Europea, enfangada en discusiones políticas internas, con una economía en recesión y en peligro de quedarse desfasada tecnológicamente, puede quedarse fuera de un juego en el que se disputará el futuro del mundo.

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Natalia Fernández, socia fundadora de La Sociedad de Las Indias Electrónicas
La Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas, cabeza del Grupo Cooperativo de las Indias, es una consultora de innovación, inteligencia y redes con oficinas en Madrid y Montevideo.

El Grupo Cooperativo de las Indias entiende el mundo desde la lógica de las redes y el compromiso con la democracia económica y la transnacionalidad. Creamos conocimiento, productos y servicios empoderadores para las personas, las comunidades y las organizaciones con herramientas innovadoras que refuerzan la sostenibilidad social y medioambiental de sus proyectos.

Grupo Cooperativo de las Indias

En la Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas nuestros fuertes son la innovación corporativa, social y de negocio, el desarrollo local y regional, la diplomacia corporativa y la inteligencia de fuente pública, especialidades basadas todas ellas en el análisis dinámico de redes sociales. La Bitácora de las Indias, el primer blog corporativo que existió en el mundo, analiza tendencias en todos estos campos.

La innovación de negocio consiste en pensar, diseñar y poner en marcha nuevas formas de negocio que ayuden a las empresas a redefinirse empoderando a su entorno y a la sociedad. Ejemplos recientes del trabajo indiano en este campo serían BBVA para quien realizamos informes de oportunidades organizativas y tecnológicas y Szena, una compañía de software de riesgos con la que trabajamos en la liberación del código que permitirá a los bancos ser más transparentes, nutrirse de propuestas de una comunidad global de expertos y a universidades de todo el mundo desarrollar innovación en un campo hasta ahora reservado para los que podían pagar licencias millonarias.

Innovación social y desarrollo regional son otros dos productos que van de la mano. Se trata de aumentar el capital social de los ciudadanos mediante programas de generación de red.

La diplomacia corporativa consiste en empoderar a los ejecutivos y directivos de una organización para que cuando llegan a otro país, a un nuevo mercado o se dirigen a un nuevo sector social puedan convertirse en interlocutores sociales reconocidos. La mayor parte de las empresas comprende ya que a largo plazo sólo se triunfa cuando la sociedad las entiende como una herramienta de sus propios intereses y bienestar. Sin embargo las empresas tienen problemas para establecer conversaciones significativas con el conjunto de la sociedad civil. Hay una parte de formación, de conocimiento cultural, histórico y social que es obvia, pero también hay otra que consiste en “mapear” interlocutores sociales, escuchar y dirigirse a los críticos de igual a igual y establecer conversaciones de las que surjan primero el respeto, luego la confianza y finalmente la cooperación.

En todos estos productos es fundamental el análisis de redes sociales y la inteligencia de fuente abierta. Este tipo de análisis de inteligencia empresarial se llama de “fuente abierta” porque se elabora a partir de información pública (blogs, periódicos, publicaciones universitarias, etc.). Se trata de hacerse una imagen cabal del tejido social real, sus líderes -normalmente no institucionales- y sus estrategias. Sólo de ese modo es posible establecer una interlocución social. Un ejemplo sencillo de trabajo en este campo sería el mapeo de la blogsfera latinoamericana que realizamos para la Secretaría de Estado de Iberoamérica del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación del Gobierno de España en el marco de la última cumbre Euro-Latinoamericana.

Anuncio de la Sociedad de las Indias Electrónicas (detalle)
La Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas fue fundada como sociedad limitada con 3007 euros de capital el 2 de octubre de 2002 por Natalia Fernández, Juan Urrutia y David de Ugarte. Partían sin cartera de clientes, con el capital social mínimo pero con la experiencia social del primer ciberactivismo europeo y la experiencia empresarial de Piensa en Red que había sido la primera desarrolladora europea de software de gestión en movilidad y creación de redes sociales.

Los comienzos fueron económicamente muy duros para una compañía casi desconocida sin capital ni agenda. Para darse a conocer en medio de lo más duro de la crisis de las puntocom crearon la primera bitácora empresarial del mundo: la Bitácora de las Indias (a la izquierda de esta columna). Pronto llegó el primer cliente: la Federación de Empresas Distribuidoras de Gases Licuados del Petróleo y otros clientes que buscaban sobre todo mejorar el aprovechamiento comercial de su esfuerzo en la web, como Meliá o Nupik.

Mientras los pioneros luchaban por despegar, desarrollaron también las técnicas de análisis de redes sociales que les permitirían ofrecer servicios de mucho más valor añadido y asumir los primeros proyectos relevantes. El primero de ellos llegaría en la primavera de 2003, asesorando la candidatura de Belloch a la alcaldía de Zaragoza. Se trata del primer caso documentado de análisis de redes sociales para elaborar la estrategia de una campaña electoral. Y fue un éxito.

A finales de 2003 llegaría un contrato con Telefónica —desarrollar e implementar las primeras novelas para móviles fuera de Japón— y a partir de ahí la empresa despegaría con cada vez más y mejores clientes. Tras el 11M trabajamos con el Consejo Consultivo de Castilla- La Mancha en el desarrollo y articulación del debate virtual del foro Armas y Letras: la guerra y el Derecho en el IV centenario de el Quijote.

Llegan entonces nuestros primeros grandes proyectos: una importante farmaceutica y una de las principales empresas europeas de gestión medioambiental a los que el análisis de redes sociales en ámbitos informales de decisión les servirán para diseñar sus estrategias regulatorias y su proyección pública.

Usando la misma metodología, en 2006 desarrollaremos para Turismo de Andalucía el primer análisis de red de creadores de opinión en la Internet informal que se hacía a nivel mundial en un sector en el que el 75% de los destinos se deciden en la red.

La Sociedad llegará a su madurez a partir de 2007, bajo la dirección de su actual gobernadora, Natalia Fernández, que consolidará el posicionamiento de la empresa y ampliará su cartera de clientes, iniciando un crecimiento sostenido de la facturación que haría después posible la internacionalización de nuestra presencia en el mercado y la transformación en sociedad cooperativa el 18 de septiembre de 2009.

En ese periodo fundamos la desarrolladora de software libre Feed the Ivy SL, creadora del servicio feevy.com posteriormente vendido al grupo BBVA, para quien la Sociedad de las Indias empezaría a trabajar -y continúa hoy- como consultora de innovación, desarrollando proyectos como la blogsfera BBVA, la primera blogsfera corporativa de un gran banco transnacional y emitiendo regularmente informes sobre oportunidades sociales, organizativas y tecnológicas para el banco.

En 2007 asesoramos utilizando técnicas de análisis de redes sociales y posicionamiento estratégico a la expansión en América Latina de un importante grupo inversor español con intereses en el sector energético.

En 2008, también en asociación con el Area de Innovación de BBVA y con la editorial El Cobre lanzamos la primera colección de libros de autores contemporáneos en dominio público: la Colección Planta 29.

El 18 de septiembre de 2009 nos transformamos formalmente en cooperativa. Para entonces, nuestra forma de trabajo ya nos había llevado a un ratio de ingreso/persona varias veces superior al de las grandes consultoras.

El 9 de febrero de 2010 iniciamos formalmente a la puesta en marcha del Grupo Cooperativo de las Indias integrando en la estructura a la Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas y poniendo en marcha el proceso de elaboración de estatutos e inscripción en registro del nuevo grupo, con la idea de ampliar nuestra oferta de servicios a nuevos campos en sinergia con nuestras participadas y nuestras áreas de experiencia tradicionales.

Hoy nuestra cartera de clientes se extiende por América Latina y España y se desarrolla en ámbitos tan diversos como el fomento del emprendimiento, la inteligencia de negocio para grandes grupos industriales en transnacionalización y la comunicación social y política.

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